El Yo y el Universo


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En este mismo auditorio he oído recientemente conferencias sobre las nuevas tendencias del liderazgo y las investigaciones actuales sobre el cerebro, y en esas conferencias, como en los libros "La Quinta Disciplina" de Peter Senge y "Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva" de Stephen Covey, nos encontramos con referencias a la autoconciencia, la relajación, la intuición, la meditación, la visión olística, y el pensamiento sistémico, que son puntos de convergencia con los temas que abordaremos hoy.

En el libro "La Quinta Disciplina" de Peter Senge, que entiendo es respetado y valorado como un libro de gerencia avanzado y serio, en uno de sus capítulos se recomienda que cuando en una reunión de gerentes se esté este discutiendo sobre una cuestión vital y todos estén acalorados sin ponerse de acuerdo, esa es una buena ocasión para pedir un momento de silencio de 3 a 20 minutos. ¿Alguno de ustedes ha tenido este tipo de experiencia?

Yo no he estado en ninguna reunión de gerentes donde eso haya sucedido, y posiblemente nunca haya ocurrido porque existe todavía el predominio casi absoluto de la idea o paradigma que nos lleva a creer, que el razonamiento es el único instrumento con que contamos para comprender y resolver un problema. Traigo esto a colación, porque uno de los puntos centrales de esta charla es precisamente indagar si es posible tener conciencia de algo sin que intervenga el pensamiento. Yo creo que eso no solamente es posible, sino que existe la necesidad de ver directamente, sin pensamientos y sin condicionamientos. De ser eso posible, sería sumamente útil, hasta por aquello de que la manera de pensar que nos llevó al problema no puede ser la misma que lo resuelva. Esta experiencia de vivenciar, de ver directamente, de tener conciencia sin que intervenga el pensamientos, sería, además, el vínculo que nos conduce a lo espiritual, a la verdad, a la inteligencia universal o a Dios, que pueden ser nombres diferentes de una misma cosa, o que en todo caso están justamente más allá de las palabras y del razonamiento.

El universo como la vida y la propia conciencia son un misterio. Por ello, no pretendo dar definiciones absolutas o conclusiones incuestionables, sino invitarlos a que investiguemos juntos, a que tratemos de abordar algunos hechos de una manera directa, sin condicionamientos. Olvidémonos por unos minutos de las ideas prevalecientes y aceptemos la posibilidad de un nuevo enfoque.

I – OBJETO DE LA CHARLA

Mi intención es que tengamos una charla sencilla sobre temas que no lo son. En efecto, quiero referirme a estos cuatro temas: Primero: Indagar sobre Qué es el Yo y Cómo se forma? Segundo: Ratificar lo que ustedes ya conocen en cuanto a lo maravilloso que es el instrumento del pensamiento del cual nace el Yo. Tercero: Llamar loa atención sobre el hecho de que el Yo es la causa de la mayoría de nuestros problemas y en Cuarto lugar, decir algo sobre la necesidad de trascender el Yo y el pensamiento. 

Como no podemos detenernos mucho en ninguno de estos temas, permítanme acercarme a ellos de una manera global, y más libre, dejando abierta la posibilidad de que la charla pueda seguir un curso no preconcebido.

Son por tanto bienvenidas sus intervenciones, lo cual pueden hacer en cualquier momento.

III - VISION GLOBAL

Como hemos dicho, el tema central de la charla es el Yo al cual podemos ubicar en este punto imaginario. Pero antes de hablar del Yo, detengámonos en otro punto que represente al Universo. Mi propósito es que observemos que tanto el universo como la vida apuntan hacia la unidad, hacia una totalidad indivisible, y que es el pensamiento el que fracciona y divide esa unidad.

No se si todos ustedes están familiarizados con la teoría del Big Bang, según la cual el Universo se inició con una gran explosión. Para unos toda la materia o energía estuvo concentrada en un punto antes de la explosión; y para otros científicos, el Universo pudo haber nacido de la nada. Como eso no es relevante para nuestro tema, podemos imaginar que la explosión ya ocurrió y que ese punto representa el estado actual de la expansión del Universo. Tiene millones de años en expansión pero frente al espacio infinito es sólo este punto, en el cual están todas las galaxias. Hasta el presente la mayoría de los científicos aceptan esta teoría porque existen muchas pruebas que la soportan y entre las más importantes están que todas las galaxias se alejan unas de otras y que todos los astros conocidos están constituidos por los mismos elementos. Es decir, que el Universo nos enseña que formamos una unidad porque compartimos un mismo origen y un mismo destino. A la misma conclusión nos conduce la existencia de la vida en la tierra. En efecto, ese mismo punto que representaba el universo, podemos imaginarnos, que ahora representa a nuestro planeta tierra que alberga la vida. Pues bien, también la vida nos lleva a la unidad, porque la teoría de la evolución nos dice que la vida se inició en algún lugar del planeta, primero con minúsculas bacterias o células que luego dieron origen a las plantas que producen oxígeno y permitieron la evolución hasta el surgimiento de los animales a cuyo reino pertenecemos.

Aquí podemos preguntarnos: ¿Alguno de ustedes tiene la más mínima duda en cuanto a que todos nosotros también formamos parte y estamos dentro de este punto, es decir, dentro del Universo?

La Vida y el Universo apuntan hacia la unidad, son ciertamente un misterio, pero no parecieran ser dos cosas distintas. Existe una unidad y una interrelación entre todas las cosas del universo, sean animadas o inanimadas, se manifiesten como energía o como materia, sean corpóreas o no, sean pensamientos o cosas, sean materiales o espirituales. Por lo menos, en esa dirección apuntan los descubrimientos más recientes de la ciencia, desde la biología hasta la física cuántica. Es importante observar, que los experimentos de la física cuántica sobre comportamiento de las partículas subatómicas, las cuales a veces aparecen como materia y otras como energía, y en los cuales el observador no está separado de lo observado, parecen escapar a nuestro entendimiento. Igual sucede con el cuerpo y la mente, porque podemos hasta intuir su unidad, sin que podamos explicarla. Quizás porque se trata de nuestra propia esencia, de la cual solo podemos ver sus diversas manifestaciones.

Antes de la civilización griega, con la cual se desarrolló el razonamiento, la lógica y la matemática, parece ser que el hombre y la humanidad haya vivido por muchos miles de años, vivenciando esa unidad con el universo, en un mundo mágico donde las estrellas y todos los fenómenos naturales representaban dioses. 5- Estamos y al inicio nos sentimos unidos. Lo que quiero resaltar es que al igual que la humanidad que, antes del predominio del razonamiento, tampoco se sentía separada de nada y vivenciaba la unidad del universo y la totalidad de la vida, también todos nosotros vivimos en nuestros primeros años en un mundo de unidad, donde nada estaba separado, hasta que formamos el Yo, al desarrollarse nuestra facultad de autoconciencia. 
a) En efecto, todo indica que cuando nacemos no nos sentimos separados de nada. Los psicólogos señalan que el bebé percibe a su madre como una extensión de si mismo, es decir que 
b) Al nacer no tenemos conciencia de nuestra propia existencia y no podemos percatarnos de que tenemos un cuerpo distinto y separado del cuerpo de nuestra madre. 
c) Luego, lentamente, es que comenzamos a darnos cuenta que, además de nuestra madre, existen otros seres y cosas distintas a nosotros.  
d) Después comienza el proceso de relacionar ciertos sonidos – palabras con esas otras cosas que no son nuestros cuerpos. Y así, e) poco a poco, sigue la lenta creación de una imagen de nosotros mismos que todo indica que está unida a nuestra facultad de pensar y es la base y el origen de eso que denominamos Yo.

Pues bien, con la formación del yo, alrededor de los dos años de edad, psicológicamente, se produce ruptura, como si a partir de allí realmente comenzáramos a vivir fuera del universo, porque dejamos de relacionarnos directamente con el universo y comenzamos a hacerlo con las interpretaciones y con las opiniones que llegamos a tener del Yo y del Universo. Comenzamos a actuar, como si en verdad nos hubiéramos salido del universo y del punto que lo representaba, para relacionarnos con él desde ese otro punto que representa a el Yo. Pero debemos recordar la frase de que el mapa no es el territorio. De igual manera, el pensamiento de una flor no es la flor y tampoco su Yo, es usted mismo. Al final, podemos observar que eso que llamamos Yo, no es más que la imagen o pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos, lo cual nace de nuestra facultad de autoconciencia.

A partir de la formación de nuestro Yo, comenzamos a vivir en una ficción, que debemos reconocer, ha sido muy útil para el desarrollo de las ciencias, pero a expensas de dar por cierta, una división que no existe. Se trata de un paradigma que nos lleva a pensar, por ejemplo, que no formamos parte de la naturaleza, a olvidarnos que la vida tiene un mismo origen y, por lo tanto, que nuestros antepasados no son sólo los animales sino también el reino vegetal, al cual todavía seguimos unidos porque nos dan el oxigeno y los alimentos.

A partir de allí, ciencia y religión o materia y espíritu, parecieran antagónicos, hasta llegar a la gran confusión de creer que nuestras teorías son la realidad o la verdad, olvidando el dicho de que el mapa no es el territorio. Todo lo que queremos señalar es que el razonamiento y la creación del Yo, si bien son las facultades que nos hacen seres humanos, su predominio absoluto nos lleva al olvido de la realidad y de la unidad del universo y a partir de allí el pensamiento comienza a ser un problema.

El Yo y el pensamiento siempre están condicionados. Todas nuestras experiencias desde que nacemos tienden a condicionarnos, a ver el mundo desde el punto de vista de nuestros padres y a través de la cultura ya existente. No es necesario pensar ni razonar y basta con ver directamente que: si se nace en Venezuela, somos católicos, si nacemos en Egipto, somos musulmanes y luego estamos dispuestos hasta matar por esas ideas. Eso está pasando hoy mismo en muchos lugares del mundo. El problema surge por la preeminencia que le damos a nuestros pensamientos, que nos llevan a creer que somos dueños de la verdad, hasta alejarnos de las situaciones objetivas.

10 - Vivir peor que los animales – Todos tenemos necesidades, miedos y dolores, al igual que los mamíferos superiores. Pero el hombre, agrega necesidades, miedos y dolores psicológicos. Así, una ofensa que hiere la imagen que tenemos de nosotros mismos, puede ser un dolor psicológico, que llegue a ser más intenso que el dolor biológico y puede acompañarnos toda la vida, a pesar de ser un dolor que si podemos evitar. Es así, por esa vía, como podemos llegar a vivir peor que los animales, los cuales al no tener autoconciencia no llegan a la creación de dolores psicológicos y no se están preocupando, por ejemplo, con la muerte. Nuestra tendencia es a darle a nuestras creencias y teorías demasiada importancia, a tratar de que otros acepten nuestras opiniones y de allí el origen de los fundamentalismos, los nacionalismos y las guerras religiosas y políticas.

III – AFIRMACIONES

Hemos utilizado la misma facultad de la autoconciencia, de la cual nace el Yo, para imaginarnos que estábamos fuera del universo. Tal vez ahora estemos preparados para comprender las siguientes afirmaciones sobre los cuatro temas objeto de esta charla.

1 – Los psicólogos aceptan que nadie nace con el Yo, porque el Yo no sería más que la imagen que creamos de nosotros mismos y que permite el desarrollo del lenguaje y de la facultad de pensar.

2 – Es evidente, que el Yo y el pensamiento son los instrumentos fantásticos que nos permiten ser seres humanos y sirven para el desarrollo de la ciencia y la cultura.

3 – Sin que signifique en modo alguno, desconocer lo maravilloso que es el Yo, también podemos observar que el Yo o el pensamiento siempre está condicionado y limitado. Por ello, por estar siempre condicionado, crea necesidades, miedos y dolores psicológicos que tienden a ser la causa de la mayoría de los problemas del hombre.

4 – Lo más maravilloso del universo es tener conciencia de nuestra propia existencia, poder observar, y vivenciar, el milagro de la vida. El milagro de estar vivo. Poder trascender el Yo y vivenciar nuestra unidad con el universo.

Como dijimos al inicio, la vida y la conciencia son un misterio que no podemos comprender pensando. Pero, son un milagro que podemos vivenciar aquí y ahora. Los invito a silenciar la mente, para ver directamente: El milagro de la totalidad de la vida. Para ello, en palabras de Kushner: "La clave es prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor durante el tiempo suficiente para contemplar el milagro sin dormirse".