La ciencia del Caos


Hablar de ciencia del caos puede parecer sorprendente. Porque ¿No pretende la ciencia, precisamente, revelara el orden oculto de las cosas?. Desde este punto de vista, caos no sería más que una impresión pasajera, resultado de nuestra incomprensión. Y, siendo así, el aspecto desordenado del fluir de un torrente, de la propagación de una epidemia, de las fluctuaciones de la bolsa y muchos otros fenómenos se debería tan sólo a una ilusión que los progresos de la ciencia se encargaría, poco a poco, de borrar. Pero esta fe en un conocimiento perfecto es menos firme y hoy que ayer. A este respecto hay un hecho revelador: en los últimos años, expresiones, cono "caos", "desorden" y "medio aleatorio" han invadido el campo científico a través de libros, revistas y temas de coloquios, y son incluso objeto de denominación de ciertos laboratorios.
¿Desviación semántica? ¿Efecto de la moda? En parte, quizá. Pero la lectura de los artículos de este número especial nos demostrará que el tema del caos es más profundo y, como tal, merecedora de una verdadera investigación científica.
De entrada, los conceptos de orden y de desorden plantean preguntas epistemológicas y filosóficas. No se ha llegado a la unanimidad, ni siquiera entre los científicos. Algunos de ellos querrían llegar hasta el rechazo de la utilización de estos términos. Otros, por el contrario, glorifican el desorden y ven en el una entidad creadora y organizadora; en cierto modo, un nuevo dios. Y como los conceptos de orden y de desorden varían según los individuos y los contextos, no es raro observar cierto deslices hacia la política o la mística, por ejemplo. No menos apasionada resulta la problemática. ¿Qué es el desorden? ¿Cuál es la naturaleza del azar, que con tanta frecuencia se le asocia? ¿En qué difiere exactamente un medio "desordenado" de un medio "ordenado"? Los recientes avances de la investigación científica han aportado aportado elementos originales de la de reflexión. Los descubrimientos sobre el "caos determinista" han demostrado que sistema muy simples pueden evolucionar de una manera completa e imprevisible; que, a pesar de un determinismo de principio, resulta inevitable una descripción probabilista de estos sistemas; que tales situaciones no son en modo alguno excepcionales... los movimientos en el sistema solar, los cambios climáticos, los ritmos cardiaco, la vida económica: casi todos los campos están afectados, podrían estarlo. Ciertamente, la imprevisibilidad se halla, aunque bajo otra forma, incluso la matemáticas puras. En física de la materia, los medios desordenados y sus propiedades específicas interesan cada día más a los investigadores y a los ingenieros. Creada hace más de un siglo, la mecánica estadística, en la cual el desorden estructural es un dato fundamental, está, más que nunca, en primera línea. Y sus éxitos en el estudio de las transiciones de fase, de los cristal de espín o de la percolación han abierto perspectivas inesperadas en otros campos científico. Otro gran problema que despierta actualmente un vivo interés: ¿Cómo es posible que la naturaleza de origen a a estructuras, como los cristales dendríticos, las dunas de arena, los torbellino o las nieves, situadas a medio camino entre el orden y el desorden? También en este campo, los progresos son importantes, aunque la solución de todos los problemas todavía está lejos.
Todas estas investigaciones, que se ocupan tanto del átomo como del mundo vivo, del hombre o de la sociedad, atestiguan la riqueza y la actualidad de los conceptos de orden y de desorden en el pensamiento actual. Está surgiendo una sensibilidad nueva, una manera nueva, para la ciencia, de tener en cuenta sus propios límites y de hacerlos retroceder. Y si la pretensión de Mundo Científico ha sido presentar un abanico de las investigaciones de las reflexiones relacionadas con el desorden y el caos, no es solamente porque es toda una corriente de la ciencia moderna la que se ve afectada por ellos, sino porque lo que se halla en juego es nuestra propia visión del mundo.


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