“La vida es increíblemente bella y alegre. Empero, no pareciera ser así para la mayoría de la gente y no por necesidades materiales como albergue y comida, sino por razones  psicológicas y existenciales que, si bien pueden ser perfectamente comprendidas y trascendidas, mientras no tomemos conciencia de ellas tienden de hacer de la existencia una carga difícil de soportas.

(…)

Estas son las premisas que justifican que el propósito de la presente obra sea exponer una vez más en que consiste ese conocimiento milenario y tratar de encontrar  explicaciones al hecho evidente de que todavía muy pocas personas viven de conformidad con esa sapiencia, no obstante haber sido tantas veces expuestas en forma expresa y encontrársele en muchos libros provenientes de diferentes épocas y de un número cada vez mayor de científicos, filósofos y místicos.

Extraído de la introducción
 


¿Qué o quien soy? La respuesta a ésta como a todas las anteriores preguntas es: No sé, soy. El drama y la gracia de los humanos es que vivimos dentro del lenguaje. La iluminación consiste en trascender el pensamiento, ver directamente cómo opera la mente y la interrelación entre todas las cosas, que es el milagro de la totalidad de la vida: un misterio tremendamente hermoso.

Extraído del epílogo

 

La vida
Un misterio
Tremendamente
 hermoso
¡Qué vaina tan buena es vivir!


Reynaldo Rodríguez Anzola

 
   

Reinaldo Rodríguez Anzola, doctor en derecho, es un jubilado de Petróleos de Venezuela S. A. Durante sus veinte años en la principal industria del país  ocupó diferentes cargos gerenciales. Fue creador y Consultor Jurídico del Departamento Legal de Palmaven S.A., ex filial agrícola de la Industria Petrolera. Dio charlas y escribió artículos para diferentes publicaciones de la empresa. Por varios años y hasta su jubilación en PDVSA Petróleo S.A., Chuao, mantuvo la sección divulgada diariamente  vía intranet a todos los trabajadores : Para reflexionar… con amenas citas gerenciales y de interés general.

Paralela a la actividad corporativa, durante toda su vida ha investigado cuestiones filosóficas, científicas, psicológicas y místicas, cuyo fruto lo vemos en este primer libro que incursiona en todas esas ramas del saber humano. En este ensayo se desarrollan ideas que sirvieron de contenido a sus artículos en los diarios El Nacional de Caracas y El Impulso de Barquisimento, su ciudad natal.

 

¿Qué o quién soy?
 

¿Nacemos con el yo-ego?
 

¿Por qué cuesta tanto aceptar la realidad?
 

¿El pensamiento es el problema?
 

¿Es posible liberarnos del condicionamiento?
 

¿Cuáles son los impedimentos para una vida plena y felíz?

 

El autor nos invita a la aventura de investigar juntos Las respuestas a estas preguntas. Sugiere ver los hechos directamente, sin proponer nuevas teorías. Nos llama a percatarnos de hechos que pueden ser confrontados con las últimas investigaciones de la ciencia y el aporte de científicos y místicos.

Nos reta a observar la realidad con todas sus implicancias  y afirma que vivenciar esa sabiduría es el mayor conocimiento  que somos capaces de adquirir y el definitivo despertar.

 

 

Bautizo del libro:

 LA VIDA UN MISTERIO TREMENDAMENTE HERMOSO

¡Qué vaina tan buena es vivir!

21-10-04

 

Rafael Cadenas:

 

    El libro que presentamos esta noche es una excelente síntesis de un pensamiento que viene de la India, pero no se trata de un asunto esotérico que no nos atañe, como podría imaginárselo un occidental bien blindado. Todo lo contrario: nos toca de cerca, nos implica, nos reta porque su eje temático es el condicionamiento al que no escapa ningún ser humano y la posibilidad de verlo que es también verse.

    Todos lo sabemos, pero lo olvidamos constantemente: desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida se nos condiciona, vale decir, se nos forma (o deforma) de cierta manera. La operación se realiza mediante el lenguaje, la familia, la escuela, el liceo, la religión, las experiencias, en fin, no hay nada que deje de actuar sobre nosotros. Todo eso nos hace lo que somos: seres que necesitamos considerarnos libres, aunque estamos muy determinados, y tal vez por esto mismo. A veces hasta se oye decir a alguien, con ligereza: No estoy programado para eso, sin percatarse de que está hablando como un robot.

    ¿Hasta que punto es libre el pensamiento? Esta es una pregunta crucial, que nos la debemos hacer. Así veremos tal vez lo atados que estamos. Si una persona está satisfecha con su condicionamiento, este es un palacio; si no lo está, se le convierte en una prisión. En ambos casos, limita; pero no se puede saltárselo a la torera. Cómo vérselas con ese gigante es toda una tarea. Además los conocedores del asunto dicen que tratar de zafarse de sus manos lo fortalece más. Entonces, ¿qué pueden hacer las personas interesadas en este rompecabezas, que  son pocas, pues las más están identificadas con su condicionamiento, es decir,  con su yo, y no les pasa por la mente dejarlo a un lado? Reinaldo dice en el capítulo 12 donde trata el tema, que “la mente se halla condicionada en su totalidad, tanto la consciente como la inconsciente, y cualquier esfuerzo que hagamos también estará condicionado. Por ello, sólo la toma de conciencia del hecho mismo del condicionamiento produce un esclarecimiento inmediato”. Ojalá sea así. En todo caso, Reinaldo respalda esta afirmación con su propia experiencia. Habla desde ella, no teóricamente. Parecería que ver esa armazón nos desarma, pero no importa, podemos andar desarmados, el cuerpo alerta se defiende.

    Me he detenido en este punto por considerarlo central, pero Reinaldo hace una exposición muy amplia de otros aspectos ¾el libre albedrío, el misterio de todo, el observador del observador¾ con referencias a autores occidentales como Schopenhauer, Kierkegard, Freud, Piaget, Wilber, Fromn y otros. El lector puede encontrar esta cita de Einstein, reveladora de cómo en él coexistían el científico y el místico: “Los seres humanos formamos parte de esa totalidad llamada por nosotros “universo”, una parte circunscrita en el tiempo y en el espacio. Cada uno de nosotros se experimenta así mismo, a sus pensamientos y a sus sentimientos ¾en una especie de ilusión óptica de la conciencia¾ como algo separado del resto. Esta ilusión constituye una especie de prisión que nos encierra en nuestros deseos personales y restringe nuestro afecto a unas pocas personas cercanas. Nuestra labor debe ser la de liberarnos de esta cárcel.” (Págs. 68 y 208) En otra ocasión escribió: “El verdadero valor de un ser humano depende del grado en que ha podido alcanzar la liberación del yo.” Estas palabras suyas forman parte de una serie de textos, que yo traduje, de autores occidentales afines al pensamiento oriental, lo que también se observa en este libro, pues hay unas coincidencias de pensadores de la India, China y países del Medio Oriente con místicos  y filósofos occidentales. Los más orientales son Eckhart y Molinos; ha habido influencia de los sufis del Islam sobre San Juan. Hasta en Santa Teresa hay mucho Zen. Los Upanishads dejaron su impronta en Schopenhauer, Emerson, Thoreau y Whitman. En tiempos más recientes Heidegger ha admitido sus cercanías con el Zen con el cual tiene también diferencias. Ante mi tengo dos libros sobre esta relación: Heidegger et le Zen de Jean François Duval y Heidegger and Asean Thought, conjunto de ensayos recopilados por Graham Parkes sobre este filósofo y el Vedanta, Lao-Tse, Lao-Umang así como de profesores japoneses sobre él. Autores como Alan Watts, Robert Powell y Arnaud Deijardins son leídos en Oriente. A veces, hasta ocurren sorprendentes retornos. Gandhi le debe a Thoreau su idea de resistencia no violenta. Eckhart, San Juan y Molinos han repercutido en la India. El Tao Te King y la obra de Chuang-Tzu gravitan enormemente en la cultura occidental. También el Zen, por supuesto, y en menor grado el budismo tibetano. Todas estas concepciones, de uno y otro lado, traspasan las fronteras a pesar de las diferencias entre los pueblos.

    Lo que presenciamos aquí hoy tiene que ver con lo que vengo exponiendo. Los que se llaman así mismos revolucionarios —nótese la satisfacción que esto puede traerle al ego—  quieren imponerle su condicionamiento, lo que ellos creen, lo que piensan, a la sociedad venezolana, que a su vez forcejea para impedirlo. Ese es el principal designio que portan y los lleva desde hace varias décadas. Sería un cambio del condicionamiento ya existente que permite la mayor pluralidad, aunque con muchas fallas injustificables, por otro que no podrá ser sino unilateral. Lo que plantea este libro es la factibilidad de trascender todo condicionamiento, algo que permitiría ir más allá del debate político actual tan absurdo, porque se ha olvidado la sencillez que lo resolvería, pues en el fondo y apartando esta esquizofrenia inducida, de lo que se trata es de ponerse de acuerdo todos para crear una sociedad normal, pero esto requiere descondicionarse, salirse de la trampa.

    En estos días estuvo una destacada escritora colombiana. En una entrevista para El Nacional declaró que era de izquierda —hoy no sé muy bien que significado tiene esa palabra si el régimen cubano lo es—  y añadió que como tenía formación marxista cuando le preguntaban si había abandonado esa doctrina, respondía con otra pregunta: “¿y para meterme a qué?...dejar de ser lo que soy para no ser nada me parece deplorable”. En realidad ese paso es dramático, cuesta mucho darlo porque hay una identificación de la persona con el pensamiento que ha hecho suyo, pero entonces ¿no se puede abandonar un credo sin adoptar otro? Yo le diría a esta mujer que eso no es necesario, pues al dejarlo nos queda la conciencia que es más importante que todas las ideologías y religiones.

    He hablado del libro, pero no del autor. Voy a terminar refiriéndome a él no sin antes mencionar el honesto y útil prólogo del profesor Jorge Portilla Manfredini. Reinaldo es abogado con estudios de postgrado en Milán, ex empleado de PDVSA, ha recorrido mucho mundo calladamente, sin hacerse notar, como le corresponde y antes de este libro había publicado otros sobre derecho y artículos en periódicos. Este libro terrible para el querido ego, como lo llama Sotekel, seguramente no será el último porque contiene en potencia otros.

    Una vez el poeta francés Luis Aragon dijo más en serio que en broma: si quieres conocer un asunto, escribe un libro sobre eso. Tal consejo no se le puede aplicar a Reinaldo, pues lleva años en esta ruta, a vueltas con los temas a que me he referido, lidiando con el yo —ese villano funcionalmente imprescindible que a veces nos juega malas pasadas— y la necesidad de verlo.