Estancia

"Santa Catalina"

patrimonio de la humanidad

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El sistema de estancias, verdaderos establecimientos agrícolas, nace a
raíz de la necesidad económica de
la Compañía de Jesús de contar
con recursos para mantener sus
empresas intelectuales y espirituales.
Es fundada en la provincia de Córdoba
(Argentina) en el año 1622 sirviendo
al sostenimiento del Colegio Máximo

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, Colegio del Monserrat, solventando gastos de la Curia Provincial y en particular sostenía con sus productos al noviciado jesuítico.

INSTALACION Y CONSTRUCCION
El primero de agosto de mil seiscientos veintidós la Compañía de Jesús se hace cargo de la Estancia y tierras de Santa Catalina.
Esta tenía unas sesenta leguas y llegaba hasta Ascochinga por el sur y lindaba con San Miguel la estancia de Cárcano y por el norte con Jesús María.
La construcción de la estancia Santa Catalina tardó aproximadamente cien años.

LOS ESCLAVOS
Esclavos e indios fueron ocupados en labores manuales, de agricultura y ganadería, así como también

lo fueron en la construcción de Santa Catalina. La enseñanza de esos oficios estuvo a cargo de los padres jesuitas, quienes también la procuraron en lo intelectual, especialmente en la formación de los niños, quienes se encontraban en otra posición y categoría. Según cita el padre José Cardiel en sus apuntes, en todos los colegios se daban clases de gramática con un solo maestro. Solían ser centenares los esclavos negros y mulatos que sabían leer y escribir, además en casi todos los colegios se enseñaba música con arpas, violines y chirimías, instrumento parecido al clarinete y bajón.
Domingo Zipoli fue uno de sus principales maestros, incorporándose a Santa Catalina en el año 1718.
El caso Zipoli es singular como

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pocos. Nació en 1688 en Prato, estudió en Florencia y Nápoles y fue discípulo de Pasquini en Roma donde inició una promisoria carrera como organista y compositor, partió de Cádiz abandonándolo todo, para unirse a la gesta evangelizadora de los jesuitas. Llegó a Buenos Aires en julio de 1717 y se trasladó a Córdoba para concluir su preparación, tenía 29 años.
Murió en Santa Catalina de tuberculosis el "2 de enero de 1726 sin haber alcanzado a ordenarse sacerdote. Pero, en cambio, la música de Zipoli se ha incorporado para siempre al patrimonio de la humanidad. Tanto la creada en Italia, como la encontrada en tierras americanas, es hoy objeto de veneración para instrumentistas y cantantes particularmente dedicados  a estas raras perlas del barroco americano. Misas, himnos, letanías, salmos... han sido encontrados en archivos de Sucre, Moxos y Chiquitos en Bolivia. Es que hasta allí viajaban desde Córdoba, las obras de Zipoli..."(Clarín)
Después de años de pleno funcionamiento y desarrollo de la estancia, el Rey Carlos III de España ordena la expulsión de los Jesuitas, presumiblemente por el temor al poder intelectual y económico que las misiones habían alcanzado. El 12 de julio de 1767 son echados definitivamente, contablilizándose en el inventario, 442 esclavos entre otros bienes de la Compañía. La administración es entregada a la "Junta de Temporalidades" que la tuvo a su cargo durante siete años hasta el momento en que es rematada públicamente y comprada por Francisco Antonio Díaz, quien se establece en ella junto con su familia y que aun hoy es habitada por sus descendientes.

LA RANCHERIA
La ranchería está rodeada por un muro de tres metros de altura y sesenta centímetros de ancho, realizado en piedra, barro y ladrillo, con poca cal.
Tenía cincuenta y cinco cuartos, que eran vivienda de los esclavos, alguno de ellos con pequeñas cocinas de piedra colocadas externa y lateralmente a la puerta de entrada. Existían habitaciones para los telares en las cuales las mujeres tejían medias, mantas y bayetilla (telas de lana floja y poco tupidas). Aún se encuentra en buen estado parte de esta construcción y en un sector hay un pequeño restaurante regenteado por Victoria Díaz y su esposo. Se puede llegar sin previo aviso pero lo ideal es reservar mesa a los teléfonos (03525) 424467 celular (03525) 15538975.
Santa Catalina se encuentra a 80 Km. de la ciudad de Córdoba entre Jesús María y Ascochinga. El viajero que pasa por este lugar no puede olvidarse del clima que impone la magnificencia y antigüedad de las construcciones. Las fotos aquí expuestas son una ínfima muestra de lo que es Santa Catalina.


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